Todas las emociones que sentimos son necesarias para nuestra vida, incluso aquellas que a veces intentamos evitar, como la tristeza.

Las emociones nos protegen de un peligro o nos hacen abrirnos y soltar cuando lo necesitamos. Pensamos que solo podemos dar permiso a aquellas emociones que nos hacen sentir bien, como la alegría o el amor pero ¿qué pasa por ejemplo con el miedo?

El miedo lo utilizábamos hace millones de años cuando vivíamos en la selva para huir de los animales. Gracias al miedo podíamos reaccionar y salvar nuestra vida. Sin embargo, la sociedad nos ha enseñado a ocultar las emociones que hemos catalogado como «desagradables o malas» sin tener en cuenta que las necesitamos tanto como aquellas que nos hacen sentir felices y plenos.

El miedo nos hace superarnos, nos hace crecer, nos hace madurar, nos hace prosperar, nos hace más fuertes. Sin el miedo probablemente no seríamos la persona que ahora somos, la persona que puede enfrentarse a los retos y confiar en sí misma a pesar del miedo, porque la valentía no es ausencia de miedo ¿lo sabías?

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La valentía es la capacidad de actuar a pesar del miedo. Cuantas cosas nos hubiéramos perdido sin esta emoción. De la misma forma que darle voz y letra a esta emoción nos hace más libres. Sí, todos somos seres humanos y todos en algún momento de nuestra vida hemos sentido esta sensación. Que bien sienta expresarlo y soltarlo. Darnos permiso para sentir una emoción nos hace más libres y nos aligera el paso.

Me gusta preguntarle al miedo qué quiere enseñarme, cuál es su objetivo en ese momento preciso que lo siento, porque sé que detrás de ese miedo hay un aprendizaje, hay algo que necesito aprender, mejorar o desarrollar ¿te lo has preguntado alguna vez?

Me encanta la película Inside Out. Si no la habéis visto, os la recomiendo. Trata sobre qué función tiene cada emoción en nuestra vida y la utilidad de cada una de ellas. Es curioso ver como la «alegría» quiere evitar a la «tristeza» y como poco a poco se va desarrollando la película dando lugar a la tristeza como emoción necesaria para la evolución de la persona. Claro que sí!!! Necesitamos a la tristeza en nuestra vida, nos hace soltar, nos hace desprendernos, nos hace crecer y es parte de nuestro desarrollo.

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