Nos pasamos la vida esperando, esperando a que llegue mañana, el mes próximo, el año que viene para parar, para conectarnos con nosotros mismos, con nuestra esencia, con nuestra luz, con nuestra propia divinidad. No hay tiempo para pensar en eso, la rutina diaria nos come y vamos acumulando las ganas de experimentar, de ver, de viajar, o simplemente de ser. Ser nosotros sin esperar nada cambio. Recibirnos sin prejuicios, sin tabúes, sin condenas ajenas, valorando nuestros aciertos y no condenado nuestros errores, si no aprendiendo de ellos e integrándolos.

Pensamos que ese ritmo frenético nos traerá la luz, nos traerá todas esas experiencias que añoramos y deseamos pero que no llegamos a realizar porque estamos desconectados de lo mas importante, de nosotros mismos. Lo que nos dice nuestro cuerpo a cada instante, cuídate, para, respira.  Y yo me pregunto ¿A que esperamos realmente? A ¿Estar más delgados? ¿Estar más seguros? [de no sé qué] porque no hay nada certero en este plano. Y así van pasando los días y este tiempo sabio y limitado nos recuerda que no somos eternos y que la oportunidad y el reto es ahora. ¿Cuánto tiempo más necesitas para verlo? Deja ya de querer ser perfecto, abandona la idea de ser impecable. Basta con que vivas desde tu autenticidad más profunda y dejes de traicionarte y de contarte cuentos que ya ni siquiera tu crees porque en el fondo de ti deseas apostar por ti. Cueste lo que cueste y pese a quien pese.

Me sigues?

Ya cumpliste con todos, ya hiciste lo que te pidieron incluso en ocasiones llegaste a renegar de ti para ser amado, pero no funcionó ¿verdad? Como podría funcionar dejar tu alma y corazón en manos ajenas. En nombre del amor todos hemos errado, pero también hemos aprendido grandes lecciones de vida. Como dice bien dice una frase de Mandela: “No hay nada como volver a un lugar que permanece sin cambiar para encontrar las formas en que has cambiado tú mismo”.

Ahora dime tu, ¿Cuánto has cambiado de hace cinco años hasta ahora? Nuestras experiencias una vez digeridas y sanadas se convierten en bendiciones y guías en nuestro presente. A estas alturas de nuestra vida ¿Sabes que es lo más importante para ti? Hay muchas circunstancias que nos sirve para llegar a este entendimiento. Si todavía no lo sabes o tienes dudas aprovecho para recordarte algunas cosas que quizás puedan ayudarte:

Para empezar, te debes todo el amor y respeto que das a los demás

Te debes todos los sueños postergados porque dices que no hay tiempo o priorizas el de los demás

Te debes noches de lunas llenas y cielos azules despejados sintiendo el viento en tu cara

Mereces mirarte al espejo y ver lo guapa/o que eres, dentro y fuera

Deja esa timidez que te limita y no potencia todos esos talentos que tienes ¿Acaso no ves cuanto brillas? ¿Cuánto tiempo más tienes que esperar para verlo?

A estas alturas lo que piense la gente debe darte igual porque lo más importante es tu felicidad y verte sonreír cada día como si no hubiera mañana es la prioridad

Despréndete de todas las batallas pasadas, deja ese lastre caduco que ya no vibra contigo, tu mereces un presente armonioso.

Sólo cuando hablamos en primera persona y nos responsabilizamos de nosotros mismos podemos hacer un cambio en nuestras vidas. Cuando sé que solo yo soy responsable de lo bueno o malo que me sucede y que yo elijo la forma de manejar esa situación para hacer que el resultado sea diferente podemos empoderarnos y ser dueños de nuestras circunstancias. Es ahí cuando empezamos a ser felices porque no dejamos nuestro futuro en manos de nadie si no que decidimos llevar el timón de nuestra vida.

Todos hemos tenido momentos difíciles en el transcurso de esta existencia que nos han transformado, es bello ver que ya no somos los mismos de entonces. Volver a lugares o personas y sentirnos valientes.

¿Cuántas metamorfosis más necesitamos para darnos esa oportunidad?

Quizás mañana nunca llegue, porque el mañana es incierto, el mes que viene o el año próximo es muy lejano porque tenemos un tiempo limitado y solo existe este precioso instante ¿Lo hacemos mágico o banal?

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