Osho decía «No hay límites, sin embargo, si crees en los límites, los habrá, tu creencia los crea». Existen diferentes tipos de límites. Lo importante es saber diferenciarlos y saber gestionarlos adecuadamente. Hay límites que nos impiden alcanzar algunas de nuestras metas, otras veces nos sentimos limitados por terceros, existen los límites que nosotros nos creamos a nosotros mismos y luego están los que no sabemos poner a los demás por miedo, desconocimiento o falta de costumbre.

Muchas veces postergamos nuestras metas porque pensamos que son difíciles o que no somos capaces, pero las verdaderas preguntas en este caso son ¿cómo es de importante para ti ese objetivo?, ¿te has parado a pensar alguna vez como afectaría a tu vida si lo consiguieras? o ¿qué fortalezas y/o habilidades tienes que pueden ayudarte a conseguirlo?

Probablemente tienes más claro todo lo que está en tu contra más que a tú a favor. Te invito a que te hagas estas preguntas para que también valores otros puntos de vista y otras perspectivas de la situación. No hay mayor enemigo que uno mismo.

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Con respecto a cómo puedes poner límites a los demás para que no te sientas invadido o hagas algo que realmente no deseas, o simplemente para decir no o basta, aquí tienes algunas recomendaciones:

No te calles. Expresa lo que sientes sobre la situación, no sobre la persona que tienes delante. Así, darás una respuesta coherente sin lastimar al otro.

Di no. Explica las causas que te llevan a tomar esa decisión, siendo respetuoso y amable con la persona con la que estás hablando.

Responde con calma. Escucha a la otra parte y empatiza, teniendo presente qué quieres tú y sabiendo que también tienes derecho a expresar tus razones.

Haz que reflexione. Pregúntale si hablar así le hace sentirse mejor o pregúntale qué es lo que realmente le molesta de esa situación para llegar a un entendimiento desde la tranquilidad.

A medida que vayas practicando te irás sintiendo mas cómodo poniendo limites si lo necesitas, porque estarás valorándote y dándote tu sitio. Tu autoestima mejorará y a la otra persona no le quedará más remedio que respetar tus decisiones.

Ya lo decía Jorge Bucay «No me grites. Te respeto menos cuando lo haces y me enseñas a gritar a mí también, y yo no quiero perder el respeto por ninguno de los dos».

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