Puedo empezar como mi querido Neruda: Puedo escribir los versos más tristes esta noche. Escribir, por ejemplo: La noche está estrellada, y tiritan, azules, los astros, a lo lejos. El viento de la noche gira en el cielo y canta.

Puedo decir que escogí caminos inciertos y que todos ellos me trajeron regalos de vida y rasguños en el alma. Podría elegir sentirme víctima, pero elijo sentirme valiente porque hice caso a mi corazón.

En honor a la verdad confieso que a veces acepté más de lo que podía y aguanté más de lo permitido, pero gracias a eso hallé el camino de vuelta a casa con la maleta llena de lecciones aprendidas.

Alguien me dijo que a veces la vida no te lleva donde tu quieres sino donde necesitas estar. Qué gran verdad, que iluso sería pensar que todo este camino andado ha sido fruto de la vana casualidad. Y sí, acepto todas esas decisiones pasadas porque miro atrás y veo un gran bagaje de sabias experiencias adquiridas, no sobra, ni falta alguna. Hoy soy la mujer que fui gracias a todas ellas.

Ahora te pregunto a ti ¿con qué te quedas de tus experiencias pasadas? ¿te quedas con el sufrimiento o con aquello que te enseñó?

Comparto un hermoso texto que llegó a mis manos de “casualidad”, no conozco a la autora o autor. Para mí es una fuente de inspiración — «Un día de estos vas a hacer un agujero en la tierra y te vas a enterrar, lo sé. Y vas a pasar la noche a solas, a oscuras, con el sonido de los grillos. En pocas horas amanecerá y sabrás que el sol está saliendo. Abrirás los ojos, sacarás las uñas, arañaras la arena. Para salir a la luz y volver a nacer. Tendrás la fuerza de los capitanes de barco, cuando se acercan piratas y el mar está bravo y los hombres borrachos. Serás capaz de coger tú sola el timón, con tus dos manos nuevas, con la lucidez de quien acaba de llegar al mundo y lo ve todo limpio. Empezarás, como empiezan las lagartijas que se quedan sin rabo. Un paso, el siguiente, de repente un rato a la sombra. El aliento, amiga, es lo ultimo que se pierde».

El verano está a la vuelta de la esquina. Ya no te sirve el disfraz. Lanza tu careta por los aires. ¿Qué quieres? te pregunto ¿qué es lo que haces con los brazos cruzados? Desde que te conozco estás así, de pie, como esperando. No sabes que la vida no espera, que pasa, que la gente que no se decide tiene accidentes y muere y se queda sin hacer lo que soñaba. No seas una persona más en la sección de difuntos del periódico. Tienes dos piernas, eres lista, sabes latín. Arranca. No te lo pienses. Arranca. Ya no hace falta que rías si no quieres, que atiendas si no quieres, que te estés quieta. Puedes moverte hacia delante, confía, es imposible moverse hacia atrás. Eres capaz de lo innombrable.

Muéstrate al mundo. Con tus pestañas amarillas, tus tetas caídas, tu miedo, la cicatriz que te cruza el vientre y te tapas con la mano. Sé un poco bruta, da igual. Hay que ser un poco bestia para vivir ochenta y cinco años de seguido. Recuérdalo. ¿Que no eres perfecta? ¿que no dominas la técnica al cien por cien? ¿que todavía estas aprendiendo? ¿y quién no? Aquí el que no aprende es porque se tapa los ojos y las orejas.

Espero que te gusten mis artículos.
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¿Sabes aquellos búfalos que corrían por las praderas? Levantaban tanto polvo que cuando el resto de los animales los veían aproximarse, se cagaban y huían como locos. ¿Sabes los nativos norteamericanos, que vivían en medio de los bosques y talaban los árboles y cogían los panales de abejas con los dedos? Pues venimos de ahí. De las manadas de búfalos, de los indios, del centro mismo de la tierra, sí. ¿Cómo no vamos a encontrar la fuerza, el coraje, la bravura? La tenemos en la sangre. Es nuestra herencia. Adelante. Que el ultimo grito que se escuche sea el tuyo, amiga.

Es tiempo de volver a nacer.

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