El otro día leí una frase de Charles Darwin que me gustó mucho y decía “un hombre que se permite malgastar una hora de su tiempo no ha descubierto el valor de la vida”.Una gran verdad que me hace reflexionar sobre cómo gestionar el tiempo que tengo y cuántas veces me gustaría echar el freno y poner modo pausa como si pudiese darle un botón para detener ese momento. Sólo para respirar profundo sabiendo que estoy aquí en este espacio presente y que este instante nunca más volverá a repetirse.

Parar para sentir el curso vigente del ahora y escuchar lo que dice mi cuerpo y alma a voces, parar antes de que lo haga la vida de forma brusca recordándome que, si no lo hago yo, ya se encargará ella si es necesario.
Tiempo eso es lo que todos queremos, más tiempo para reconectar, para danzar, para pensar, para encontrarnos, para perdernos y para sabernos vivos. Dejar esa maleta que tanta pesa y está llena de recuerdos, heridas y falsas nostalgias de un pasado mejor. Soltar esa carga de lamentos que arrastramos al finalizar el día porque se nos olvida todo lo bueno que ya tenemos y que esta frenética rutina nos hace olvidar para entrar en la histeria colectiva.

La histeria es falsa y nos hace empequeñecernos, nos achica porque nos vuelve mediocres y nuestro corazón se endurece porque necesita ser fuerte para sobrevivir a ese frenesí. Cuánta locura, cuánta desdicha incierta hay en nuestra mente terrenal, cuántas mentiras nos hemos creído y cuánto amor desaprovechado hay debajo del umbral de cada puerta.

Espero que te gusten mis artículos.
Deja tu comentario más abajo

Ojalá nos amemos como si no hubiera mañana, sabiendo que es lo único importante de este pequeño suspiro que es la vida.
Sólo cuando pasan experiencias trascendentales nos damos cuenta del tiempo perdido.

La belleza no está afuera, no está en el otro. Está dentro de ti, late con cada respiración que emanas al mundo, es eso que das en cada suspiro, en cada sonrisa, en cada acto de amor, es lo único que permanece en el tiempo, lo único que recordaras a medida que vayan pasando los años.
Ya no somo los que éramos, ahora somos más frágiles y también más fuertes porque son las heridas las que nos sensibilizan y nos hacen tomar conciencia de quiénes somos y de que cada acto tiene una consecuencia en el resto de las personas y esa fragilidad llena de fortaleza es la que nos hace más humanos y más humildes.

Comparto con vosotros un texto de Osho que habla de la obsesión del tiempo y la velocidad:
“Debido a la obsesión por el tiempo, la velocidad se ha convertido en la única meta. No sabes dónde vas, pero eres muy feliz porque vas deprisa. La dirección se ha perdido, pero la velocidad está en tus manos.

Una mente así no será capaz de buscar lo supremo porque lo supremo es eterno. No es como una flor estacionaria: es el árbol supremo, eterno. Para ser su suelo, para que eche raíces en ti, necesitas paciencia, una espera, infinita. Tú lo único que tienes que hacer es esperar, luego vendrá todo lo demás, te lo prometo. Tú simplemente espera conmigo, y todo lo demás vendrá. Pero no tengas prisa ni pidas secretos: te serán dados cuando estés preparado.
Siempre son dados. De hecho, decir que son dados no es completamente cierto. Cuando estés preparado, de repente te darás cuenta de que lo que fuera que estuvieras intentando conseguir ya estaba dentro de ti. Lo has tenido siempre: ya era así. El maestro es solo un agente catalítico; él se sienta, en silencio, tranquilo, sin hacer nada. La primavera llega y la hierba crece por sí sola. Suficiente por hoy. “
La hierba crece sola.

Para y tómate un tiempo para ti misma/o.

Comentarios

Únete a la conversación