Osho dice “Cuando se abandona toda identificación con la mente, cuando eres un observador en la colina y la mente se queda en el fondo de la oscuridad de los valles, cuando estás en las cumbres soleadas, sólo como un testigo puro, mirando, observando, pero no identificándote con nada, bueno o malo, santo o pecador, esto o aquello, en esa presencia todas las preguntas se disuelven. La mente se desvanece, se evapora. Te has quedado como un ser puro, sólo como existencia pura, un respirar, un corazón latiendo, completamente en el momento, sin pasado, sin futuro, por lo tanto, tampoco sin presente”

La mente es ilusoria, nunca está tranquila ni en paz. La claridad y la serenidad solo es posible sin la mente.

En un remanso de paz podemos vislumbrar momentos de lucidez que nos transportan a momentos sublimes de serenidad. El problema son las expectativas, lo que nos contaron que teníamos que hacer, ser o decir. El verdadero error es ese juego interno que nos lleva a la perdición y a traicionarnos.  Para ello es necesario poner límites y discernir que somos libres y que podemos ser felices y tener paz sin todo eso, ese es el verdadero trabajo.

Nuestro trabajo interno requiere ser consciente de toda la parafernalia enrevesada que atraviesan nuestros pensamientos entrenados durante años para obedecer pautas impuestas sin poder de elección.

Todo comienzo cuando empezamos a darnos cuenta de que así no encontramos la paz, que así estamos vacíos. Lo que sucede es que después de ir a buscar afuera la aprobación y ver que no es suficiente y que seguimos insatisfechos empezamos a buscar refugio dentro, porque solo dentro ocurren los milagros, porque solo dentro ocurre el verdadero cambio.

Me sigues?

La abundancia a mi alrededor viene del trabajo que estoy haciendo adentro, cuando retorno a casa, cuando regreso a mi templo, a mi cuerpo, a mi corazón y comienzo a escuchar todo lo que hay y dejo que eso fluya dentro de mi empiezan a suceder situaciones y sensaciones más acordes a nosotros.

Dejar de aferrarnos a lo de siempre, dejar de intentar controlarlo todo, querer siempre cambiar el resultado, creernos proveedores del destino, de comienzo, inicios o finales como si tuviéramos la potestad de cambiar las cosas nos hace entrar en el juego del ego y es así como cerramos las puertas a infinitas posibilidades. Para abrirse a la magia hay que confiar en el universo, en la vida, tener fe que hay soluciones que llegan solas, sin forzar, sin entrometernos hasta el fondo, que si nos alejamos hasta podemos ver las cosas con otros ojos, con otra mirada. Soltar el control, no forzar, fluir. La magia empieza ahí también.

A veces no se trata de esforzarse tanto, si no de todo lo contrario, de dejar de darla tanta importancia, tantas vueltas y dejarlo en manos de la divinidad, la fuente o como quieras llamarlo. Soltando esos lastres tan pesados que llevan tanto con nosotros y que ya no aportan. Mirar y creer en la abundancia, en el amor, dedicarnos mas a sentir, a estar presentes ahora para poder disfrutar más cada momento.

Dejar esas prisiones mentales y sentirnos libres de acariciar cada segundo sagrado de esta hermosa existencia. Porque todo llega si somos capaces de soltar y reiniciarnos.

Ábrete a infinitas posibilidades y deja que la vida te sorprenda.

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